Probablemente con estas líneas me gané enemigos (de hecho un par más, no vendrían mal para incrementar mi fans club personal jaja). Esta semana decidí meterme en terreno pantanoso y analizar algunas cuestiones acerca de lo que nos dejó el Mundial.

Muchos dirán, que una mujer no puede hablar de fútbol. Tal vez, sea verdad la afirmación, pero lo que me propongo hacer aquí no es un análisis de técnicas, sino de personalidades.

Para no dilatar más la cuestión, mi columna de esta semana tendrá como personajes principales a Diego “El Diez” Maradona y a Carlos “El Apache” Tevez.  A lo que apunto aquí es a trazar un paralelismo entre ambas figuras, y tratar de entender (con la ayuda de los lectores que quieran dejar su comentario) porqué se idolatra tanto más a uno que otro.

Para empezar, hay que decir que ambos vienen de hogares humildes del Conurbano Bonaerense: Maradona es oriundo de Villa Fiorito, mientras que Carlitos se crió en Fuerte Apache.

Ambos demostraron su destreza deportiva desde pequeños, jugando en clubes barriales, hasta que debutaron, el primero a los 16 años y el segundo a los 17, en las primeras divisiones del fútbol argentino. Maradona pasó por Argentinos Juniors y Boca, mientras que “El Apache”, sólo jugó en el club de la rivera. “El Diez” jugó en el Barcelona (España), en el Napóles (Italia) y en el Sevilla (España); mientras que Tevéz lo hizo en el Corinthians (Brasil) y en los clubes ingleses Westham United, Manchester United y el Manchester City, donde aún juega.

Hasta aquí podemos decir que ambos son jugadores habilidosos, que vienen de las clases bajas y que han sabido desarrollar sus carreras, no sólo en nuestro país, sino en grandes clubes del extranjero.

Pero lo que los distingue a ambos es su actitud ante la vida. Tal vez pueda decirse que es por una cuestión de edades, pero, me permito disentir, creo que la cuestión pasa por una mitificación que el pueblo ha hecho de estos jugadores.

Si bien la carrera de Maradona es más larga y prolífica que la de Tevez, en ella no faltan los escándalos y conflictos judiciales. Si bien “El Apache” no se fue en buenos términos del Manchester United, ya que tuvo entredichos con el entrenador Ferguson, la realidad es que aún no hemos visto a Tevez metido en problemas de drogas, agrediendo a rivales o diciendo las cosas más soeces, sin filtro alguno.

Maradona no sólo es recordado por su grandeza futbolística –la cual le vale el reconociemiento mundial que tiene-, también se lo recuerda por agarrarse a trompadas con un rival del Athletic de Bilbao cuando jugaba en el Barcelona, por sus excesos con las drogas, por la agresión a periodistas con un rifle de aire comprimido y por ser –en palabras del presidente de la AFA Julio Grondona- un “bocón”.

Fue el mismo Grondona quien, en relación a la continuidad del ex jugador como director del Seleccionado Nacional, dijo que era “el único que puede hacer lo que quiera”. El problema es que “El Diego” se ha tomado muy a pecho eso de hacer lo que le plazca. Va alegremente por la vida desacreditando e insultando a cualquiera que tenga las agallas para disentir con él, apelando a frases y términos célebres por su mal gusto.

Muchos dicen que Maradona es el representante del Pueblo, porque en su figura refleja las aspiraciones de miles de personas de clases bajas que desean alcanzar el éxito. Bueno, creo que tendríamos que replantearnos el hecho de que un señor así sea nuestro embajador.

Desde mi punto de vista, Maradona es un gran jugador, pero nada más. No se puede seguir justificando sus desbandes en base a la gloria pasada. Estamos de acuerdo que sus jugadas ante los ingleses han sido gloriosas (me permito disentir con “la mano de Dios”, la cual considero dudosa y fruto de la “viveza criolla” que los argentinos solemos ostentar), pero toda su grandeza futbolística se diluye en los innumerables episodios de descontrol.

Ojo, no estoy diciendo, “crucifiquemos a Maradona“. Estoy diciendo: “Señores, si vamos a idolatrar a un señor, al grado de compararlo con Dios, por favor, tratemos de que nuestro ejemplo a seguir sea algo mejor que esto”.

¿Qué ejemplo para la juventud puede ser un hombre que pasó la mitad de su vida entrando y saliendo de clínicas de rehabilitación por su adicción a las drogas y el alcohol? ¿Puede ser un modelo de compañerismo y “fair play” un señor que se agarra a trompadas por cualquier cosa?. ¿Puede ser un ícono de la cultura un hombre que, sin importarle el escenario, se despacha con los peores dichos sobre ex colegas, superiores o periodistas?

Para mí, no. Me parece mucho más representativo un señor como Tevez, que también viene de las clases bajas, que también llegó a la cima del éxito y que trata de mejorar las falencias con las que carga, producto de la falta de oportunidades que padeció por origen.

Un señor que trata a colegas, superiores y medios, como lo que son, y no como menos. De lo que investigué para armar esta nota, no he encontrado escándalos protagonizados por el Apache, más allá de sus enfrentamientos con Ferguson y los insultos de los hooligans del Manchester United, que lo consideran algo así como un traidor por pasarse a las filas del City.

Para concluir, me adelanto a una posible refutación sobre las salidas de tono maradonianas: puede que alguno me diga, que se deben a que es humano y tiene sangre en las venas. Fenómeno, estamos de acuerdo en eso, pero todo tiene un momento y un lugar, y también hay consecuencias.

Si quiere decir lo que piensa, que no lo haga desde el lugar de técnico del seleccionado de un país, sino simplemente como glorioso ex jugador que es. Como futboleros que somos los argentinos, no podemos seguir permitiéndonos correr el riesgo de idolatrar a un señor así. Es más, no deberíamos como Pueblo siquiera pensar en enaltecer a un Maradona conflictivo.

Si queremos quedarnos con la gloria pasada, buenísimo. Es una cuestión de elecciones. Pero estaría bueno que empezáramos a elegir como iconos de la cultura, o representantes en el exterior a personajes menos conflictivos, o gente que realmente ha hecho grandes aportes a la impronta argentina en el mundo como ser el médico René Favaloro o Jorge Luis Borges.

Ahora, si queremos ídolos vivos, podemos dirigir la mirada a gente como Tevez y Messi, a Elena Roger y a otros tantos exponentes de la cultura argentina, que son más característicos de la esencia de nuestro país, y que nos representan bastante mejor, pero que son menos atractivos por ser menos conflictivos.

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