Esta semana, reconozco que me agarró –como decimos los escritores- el “bloqueo creativo”. Me negaba insistentemente a escribir sobre la situación actual (entre nosotros, para amargarnos, prendemos el noticiero, no nos tomamos la molestia de leer una columna).
En un llamado de mi suegra, gran cocinera ella (no lo digo para quedar bien jajaj), me vino la idea del tema de esta semana. En realidad, el tópico me lo dio ella: “¿Por qué no escribís sobre cocina?”, me dijo.
En la columna que escribí sobre Maradona y Tevez uno de mis lectores me recomendó que me dedicara a la cocina, en lugar de escribir sobre fútbol. Cómo lo prometido es deuda, aquí va una selección de recetas. Dedico este envío a cuatro grandes cocineras: mi mamá, mi abuela (que hacía las mejores empanadas y milanesas), a mi suegra (que fue la de la idea para esta columna), a mi amiga Flor “Nardita” Canusso (que se recibió de licenciada hace poco y a quien también le gusta cocinar) y a mi crítico futbolero –creo que era Juan Manuel “El Pelado Vengador”-. Señoras y señores, con ustedes: La Cocina.
Admito que me gusta cocinar. Mi fuerte, es la repostería, lo admito. Pero también me doy maña con lo salado. Por eso, esta semana, les propongo cinco recetas, para que puedan hacer en su casa, para desconectarse un poco de la rutina y, ¿por qué no?, agasajar a los suyos, con algo casero. Son fáciles de hacer, no necesitan muchas cosas, y las hacen en un toque.
Para la primera cual llamo “Chicken Fingers con papas a las hierbas” (en criollo, “dedos de pollo”-suena horrible, pero es una delicia-), necesitan pechugas de pollo (calculen 1 cada dos o tres personas), pan rallado, huevos (cantidad necesaria), pimienta, sal, semillas de sésamo y/o amapola, hierbas (puede ser salvia, aunque a mí me gusta más el romero), papas (1 grande por persona aproximadamente) y aceite (cantidad necesaria).
Corten las pechugas de pollo a lo ancho, en tiras de más o menos el tamaño de un dedo. Batan dos o tres huevos (eso mídanlo de acuerdo a la cantidad de gente para la que vayan a cocinar, más o menos la proporción, es 1 huevo grande cada dos pechugas). Agréguenle a la mezcla sal, pimienta y las hierbas (pueden usar unos saborizadores que hay para carnes o uno que se llama “Finas Hierbas” de una marca de calditos). Sumerjan en el huevo las tiritas de pollo y déjenlas que se impregnen bien.
En otro plato, pongan pan rallado y mézclenlo con las semillitas de sésamo o amapola (sino les gustan, pueden reemplazarlas por queso rallado). Rebocen las tiras de pollo que tenían sumergidas en huevo, en esta mezcla de pan rallado y semillitas (o queso).
Por otro lado, corten las papas. Pueden hacerlo en bastones, o en cuadraditos más chicos (cuanto más pequeños más rápido se van a cocinar). Las papas las pueden hacer al horno o fritas. (Aquí no hay ninguna ciencia, simplemente, frían las papas en una sartén, o pónganlas en una fuente con aceite en el horno)
Volvamos al pollo. Una vez que rebozaron todo, pongan a calentar aceite en una sartén. Frían las tiritas de pollo hasta que se doren. Sáquenlas y póngalas sobre papel absorbente.
Sirvan las tiritas de pollo junto con las papas (fritas u horneadas, a las cuales deben –en caliente, espolvorear con hojitas de romero-. Si quieren, pueden acompañar las tiritas de pollo con salsa de Barbacoa o Ketchup.
La segunda receta que les propongo, es un clásico: “Albóndigas con salsa” (la receta de mamá). Es una receta más compleja que la anterior, pero si tienen tiempo, vale la pena. Necesitan para las albóndigas (más o menos para que coman dos o tres personas) una bandeja de carne picada, una cebolla (de chica a mediana), aceite, pan (si tiene un par de días, mejor), leche (cantidad necesaria), sal, pimienta, un huevo (o dos) y un poquito de harina.
Para la salsa, pueden optar por la opción fácil de abrir un tetra brick de la salsa de su elección, o ensuciarse un poquito más y hacerla a la antigua usanza, para lo cual necesitarán medio kilo de tomates perita, una cucharadita de azúcar, aceite, sal, pimienta, pimentón (y si les gusta el picante, un poco de ají molido).
Pelen la cebolla, y píquenla en cuadraditos chiquitos. Pónganla rehogar en una sartén con un toque de aceite a fuego lento, hasta que la cebolla, se ponga apenas transparente (pueden guardar un poco para la salsa).
Agreguen a la cebolla la carne picada. Déjenla cocinar hasta que se oscurezca un poco. Mientras tanto, corten o desmenucen el pan (calculen 4 mignones por bandeja de carne), y pónganlo en un recipiente con la leche (la idea es que el pan se humedezca, de modo que luego tengan albóndigas más tiernitas). Si pueden procesen la mezcla de pan y leche, de modo que les quede una crema. Mézclenla junto a la cebolla y la carne que tenían salteando en la sartén, hasta que tengan una pasta de consistencia dura (para ensuciar menos, pueden hacer el saltear la cebolla y la carne en una cacerola y luego mezclar el pan).
Mientras corten los tomates, y saquen las semillas. Pónganlos a hervir en una cacerola (pueden sacarle la piel ahora) hasta que se ablanden. Cuélenlos y procésenlos, junto con una cucharadita de azúcar, la sal, la pimienta y un chorrito de aceite (si ven que quedó muy dura, pueden agregar agua). Pueden agregar cebolla o pancetas salteadas, orégano, albahaca, o lo que quieran a su salsa. Siempre recuerden, que en toda cocción las hierbas se agregan al final, porque el calor puede hacer que se quemen y vuelvan agria la preparación.
De nuevo con las albóndigas. Una vez que la mezcla de carne, cebolla y pan se enfríe, mezclen los huevos (esto hará que las futuras albóndigas se mantengan unidas). Pónganse harina en el huequito de la mano y hagan bolitas con la mezcla (pueden hacer la bolita y luego pasarla por harina). Pongan las bolitas en una placa enaceitada y cocínenlas 15 minutos (más o menos en un horno medio –o hasta que vean que se queman un poquito-).
Una vez cocidas las albóndigas, incorpórenlas a la salsa, y listo. Están listas para comer así directamente, o para acompañar alguna pasta de su elección.
La tercera propuesta culinaria es un clásico de invierno: “Guiso de lentejas”. Necesitamos lentejas, panceta ahumada (si no consiguen pueden agregar solomillo de cerdo ahumado, o panceta salada), 1 chorizo colorado (opcional), 1 cebolla, 1 pimiento, sal, pimienta, pimentón dulce y ají molido. Pueden agregar, si quieren, un caldito de “tuco clásico” o de verduras.
Pongan las lentejas en una olla llena de agua (que el líquido las cubra bien). Déjenlas en remojo toda la noche, para que se hidraten (hoy se consiguen lentejas de fácil cocción, para las que no son necesarias este paso, pero de todos modos, siempre conviene dejarlas en agua). Cuelen las lentejas, y vuélvanlas a poner en una olla con agua (no las hiervan en el mismo agua en la que las dejaron repasar).
Piquen la cebolla y el pimiento. Salteen la panceta, hasta que empiece a largar la grasa. Pueden usar esta reducción para saltear la cebolla y el pimiento, o pueden hacerlo por separado con una cuchara de aceite.
Agreguen a las lentejas el salteado, junto con sal (no abusen, porque ya la panceta es salada), pimienta, el ají molido deshidratado (mucho si les gusta picante), el caldito y el pimentón. Cocinen todo a fuego (de bajo a medio) hasta que las lentejas estén blanditas. Pueden agregar más agua, si les gusta el guiso más tipo sopa, o dejar que se evapore si les gusta más consistente. Sirvan y disfruten.
Las últimas dos recetas, son platos dulces, para el postre. El primero es muy pero muy fácil y es el preferido de mi amiga Flor: los panqueques. Necesitan para la mezcla harina, azúcar y leche. Además necesitarán manteca, para agregar en la sartén y que los panqueques no se peguen.
Mezclen una taza de harina, con 4 cucharadas soperas de azúcar, y leche, hasta que les quede como un engrudo medio líquido. Coloquen una cucharadita de manteca en la sartén (no abusen), sobre fuego medio, y dejen que se derrita (sacudan la sartén de modo que la materia grasa impregne toda la base). Agreguen un poco de la mezcla de modo que se forme una capa fina. ¿Cómo se dan cuenta de cuándo hay que dar vuelta los panqueques? Fácil, cuando vean que la parte de arriba pasa de estar blanca a hacerse un poco más transparente).
Para darlos vuelta, hay distintos métodos. El más profesional es sacudir la sartén como si fuera una raqueta de tenis y estuvieras devolviendo un saqué (pero ojo, si nunca lo hicieron antes, no lo intente, porque se pueden quemar feo). Una opción más simple es poner un plato sobre la sartén y voltearla, y luego volver a poner el panqueque del lado que no estaba cocido para que se termine de dorar.
Para acompañarlos pueden usar dulce de leche (clásico de clásicos), mermelada, caramelo, manzanas, chocolate, pasta de avellanas (la misma que se usa para rellenar esos bomboncitos de papel dorado) agregar nueces o almendras. Otra opción, como los comían mis ancestros, es espolvorearlos con azúcar y jugo de limón.
La última receta de hoy, son “Galletitas de miel y jengibre”. Necesitan 100 gramos de azúcar, 100 gramos de manteca, 1 huevo, sal, 200 gramos de harina (y un poquito más para amasar), esencia de vainilla (una cucharadita), una pizca de sal para que realce el sabor, una o dos cucharadas de miel, y una cucharada de jengibre en polvo.
Esta receta es básica para galletitas, pueden obviar el jengibre y la miel, y agregar ralladura de limón o naranja, o sólo dejar la manteca.
Cuando hacemos masas en repostería, siempre conviene que los ingredientes estén a temperatura ambiente, pero sino no hay drama.
Batan la manteca junto con el azúcar el huevo, la esencia y la miel hasta que tengan una consistencia de crema. Agreguen a la preparación anterior el harina, el jengibre y la sal. Amasen hasta que tengan una masa blandita –estilo plastilina- (si ven que les quedó muy líquida agreguen más harina). Dejen reposar la masa en la heladera (de media a una hora).
Estiren la masa y corten (con un vaso, sino tienen cortante) las galletitas. Cocínenlas en horno medio unos 10 minutos (vayan tanteando, con un escarbadiente o un tenedor que las galletitas no estén demasiado duras, porque sino cuando se enfríen van a ser una duras como un adoquín). Antes de comer déjenlas enfriar. Las pueden conservar en un recipiente hermético.
Bueno, hasta aquí, mi columna de esta semana. Espero que disfruten estas recetas y que las prueben. Si viven solos, son una buena opción para salir de la tradicional milanesa, o para invitar a sus novias/os, amigos/as (y no tener que pedir comida). Si todavía viven con sus padres, pueden sorprenderlos cocinando algún fin de semana.
Saludos y hasta la próxima semana. Espero sus comentarios y o recetas –para futuras columnas-. ;o)
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